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Más NoticiasEn esta sección los mantendremos informados con diversas noticias sobre cuestiones vinculadas a los cetáceos, que ocurren actualmente a nivel mundial. La información vertida en dichas notas, no necesariamente expresa la opinión de la Fundación Cethus.
El cautiverio como sinonimo de esclavitudComo comentamos en la nota publicada en nuestra web “Orcas: el dilema del cautiverio” Dawn Brancheau, entrenadora en el parque Sea World de Orlando, Florida, sufrió el ataque de una Orca terminando con un trágico desenlace, sumando un caso más, a los varios que ya han ocurrido en este tipo de oceanarios. Esto provoca el resurgir de un tema que preocupa a investigadores y organizaciones que tienen a la investigación y la conservación como objetivos primordiales: el cautiverio. Hablamos de cautiverio cuando nos referimos a animales que viven bajo el cuidado del ser humano en un ambiente controlado y no en estado silvestre. Es una actividad que el hombre viene realizando desde hace años con el fin de obtener algún tipo de ganancia ya sea como entretenimiento, ayuda o compañía. En otros casos, muchas especies de cetáceos son mantenidas en cautiverio bajo la excusa de estudiar su biología y comportamiento. Lamentablemente la desinformación de las personas que visitan oceanarios o establecimientos semejantes, y la falsa lectura que genera la información que estos lugares brindan, genera ignorancia con respecto a lo que el cautiverio provoca. Mucho se ha descripto sobre el impacto del cautiverio sobre los cetáceos. En el caso de los delfines en general, se los describe como animales altamente sociables que viven en compañía de otros de su misma especie, en manadas altamente organizadas. Si bien los efectos de las capturas en estas criaturas, no se encuentra del todo comprendido, muchos científicos creen que serían significativos. La separación de un integrante del grupo no sólo afecta al animal que será capturado sino al grupo que sufrirá la pérdida de uno de sus integrantes. Sumado a lo anterior, en muchas de estas capturas se manipulan más animales de los que finalmente se capturan, por lo que se provoca no sólo estrés en el animal capturado sino también consecuencias en todo el grupo al cual pertenece. Luego llega el lamentable traslado, aclimatación y posterior confinamiento en pequeños tanques. Idealmente éstos deberían recrear un ambiente similar al natural, lo cual en realidad, dista mucho de verse reflejado en la mayoría de los oceanarios y parques acuáticos. No menor importancia se le debe dar al entrenamiento en el cual el animal es sometido mediante “persuasión” por parte del entrenador ya sea por privación de comida o aislamiento, lo que le podría provocar según especialistas, un estrés del cual nunca se recupera. Según la bibliografía, son varios los problemas descriptos en animales en cautiverio, entre ellos: mantenimiento bajo medicación y continuos controles clínicos, exposición a una dieta artificial, e inusual nivel de ruidos ambientales, proximidad obligada con personas y otros animales también cautivos, que incluso pueden llegar a agredirlos, etc. Sumado a esto, como ya mencionamos, los tanques en los cuales tienen que vivir son pequeños, incluso diminutos comparados con las grandes áreas del océano donde habitan estas especies. Deben vivir en agua tratada químicamente, lo cual tiene efectos en su piel provocándoles úlceras y lesiones. Se ha descripto también que el confinamiento en dichos tanques altera además uno de los sentidos más importantes de los delfines ya que en su medio natural se orientan a través del sonido, lo cual se ve limitado en los reducidos espacios donde deben vivir. Esta privación es uno de los aspectos más dañinos del cautiverio, ya que el sonido rebota innumerables veces en las paredes de los tanques, desorientando y ocasionando estrés a los ejemplares cautivos. En resumen, según la bibliografía consultada al respecto, todo lo anterior se ve reflejado en cuadros de estrés generalizado, aumento de agresividad, baja tasa reproductiva y disminución de la expectativa de vida. Para el caso de las Orcas por ejemplo, se ha reportado que de un total de 135 ejemplares capturados para esta industria, entre 1961 y 2006, 117 de ellos ya habían muerto, habiendo logrado un promedio de supervivencia en cautiverio menor a 6 años. Por lo menos hasta el año 2006, existirían alrededor de 45 Orcas en oceanarios, 17 provenientes de capturas de ejemplares para este fin, y 28 nacidas en cautiverio (sobrevivientes de un total de 69 nacimientos ocurridos en el período anteriormente mencionado). En estado silvestre los machos de Orcas pueden llegar a vivir un promedio de 35 años mientras que las hembras 50. Datos más que relevantes si se tiene en cuenta que muchos de estos animales sólo son mantenidos en cautiverio con el único fin de entretener seres humanos. Desde Fundación Cethus creemos que el cautiverio no es una opción viable para los cetáceos bajo ningún pretexto, y constituye una amenaza constante para las especies, que tienen tanto derecho a la libertad como nosotros. Fuente bibliográfica consultada:
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