El pasado viernes 4, países integrantes de la Comisión Ballenera Internacional (CBI) entre los que se encontraba Argentina, realizaron una acción diplomática, conocida también como "Demarche", en la que expresaron su disgusto por las actividades de cacería de Ballenas minke y fin de Islandia.
Argentina, Australia, Brasil, Chile, Ecuador, Estados Unidos, Israel, México, Mónaco, Nueva Zelanda y Perú fueron los países que presentaron esta Demarche en contra de las actividades de Islandia. Este país no sólo caza ballenas de manera comercial desafiando la moratoria a la caza comercial de estos animales establecida en 1986 por la CBI, sino que también comercializa los productos de estas cacerías, desafiando también las medidas impuestas por la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES).
Esta medida diplomática plantea la fuerte oposición de los países firmantes a la cacería comercial y subsiguiente comercialización internacional de productos de ballenas de Islandia, al mismo tiempo que hace notar la preocupación de los gobiernos firmantes que la misma incluya especies en peligro como es el caso de la Ballena fin (Balaenoptera physalus).
Si bien Islandia como miembro de la CBI, adhirió desde sus comienzos a la moratoria establecida por este organismo en 1986, posteriormente en 1992 se alejó de esta comisión. En 2002, reingresó nuevamente a la CBI, en este caso con una polémica objeción a la moratoria. Si bien en la actualidad muchos países discuten la legalidad de este reingreso y la mencionada objeción, esta medida hoy le permite a Islandia estar vinculada en todos los aspectos de esta Comisión salvo en aquellos relacionados a la moratoria y por tanto, auto imponerse cuotas de captura que en el caso de la Ballena fin ha sido establecido en 150 ejemplares al año, cifra que los países firmantes de la de la reciente Demarche, destacan que se encuentra muy por encima de los valores considerados como sostenibles, en base a los métodos de evaluación de la CBI.
Finalmente el documento hace referencia a los beneficios económicos, sociales y educativos de la creciente actividad de avistamiento de ballenas, realizada en Islandia, y la propone como alternativa posible al actual uso letal que dicho país hace de estos cetáceos.
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